MÚSICA | WOS INC


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¿Qué pasaba este fin de semana en Santiago para que fuese un auténtico hervidero de gente? ¿La Vuelta a España?. Vale. ¿Russian Red tocando en el Obradoiro?. Sí, ok. Pero también teníamos un festival que se estrenaba en la ciudad. Un festival nuevo y con una fórmula que, aunque no era novedosa a nivel global (South by Southwest) ni en el caso español (Primavera Club), suponía de entrada un soplo de aire fresco respecto al típico festival urbano de sede única y al combo recinto más camping que vemos repetirse verano tras verano con preocupantes parecidos. Frente a esto, los organizadores del WOS INC (la veterana productora gallega Work on Sunday) ofrecieron una sucesión de conciertos y actividades repartidos por diferentes sedes (que ya han mostrado su capacidad para albergar conciertos en conciertos en otras propuestas) como la Fundación Eugenio Granell (precioso el concierto que Oso Leone dieron allí el año pasado), la Iglesia de la Universidad (que tiene un programa estupendo de conciertos a lo largo del año), el CGAC (más de lo mismo con charlas y conciertos de todo tipo), la Sala Capitol, la Zona C, el Teatro Principal, la Fundación SGAE o el Mercado de Abastos (quizás la sede más original para albergar una propuesta musical).

¿Y qué ofreció entonces este festival para acabar por convirtiéndose, y lo digo por adelantado, en algo único y especial? Primero, variedad de propuestas y nombres. Algunos de los participantes de la primera edición del WOS INC (y pienso en Red Fang) no se prodigan mucho fuera de los festivales de sus respectivos género y son muy difíciles de ver en un espacio con buenas condiciones de sonido. Muchos, incluso, venían por primera vez a Galicia (A Place to Bury Strangers, Celestial Bums o Miguel Noguera). Y hablando de Noguera también fue un acierto, por supuesto, trascender el concierto como actividad única y totalmente protagonista del festival. Las charlas y monólogos fueron geniales, divertidos e interesantes, reclamando su cuota de atención a los asistentes. Se presentó Noguera ante el público gallego como una bestia escénica (domina canto, interpretación y humor) dotada de un talento asombroso para el pensamiento lateral, recurso estrella de sus gags. También confirmó el buen estado del humor patrio con charlas como “Humor en las trincheras. Reírse como nuevo agitador de conciencias” que rápidamente dejó de lado su tema para convertirse en un intercambio de chistes donde entraban elementos tan variopintos como la crónica del viaje de sus participantes hasta Galicia, P8ladas o Gemeliers (glups...). Delirante.


También hay que señalar la preocupación por dos aspectos que cualquier organización que se precie debe llevar por bandera a la hora de hacer un festival (y justo en ambas el WOS INC. destacó). Por un lado su apoyo decidido a la escena gallega, con el que convirtieron los tres días del festival en un desfile de bandas de calidad formado tanto por grupos noveles (Uppercut, Puma Pumku, Jay...) como por pesos pesados del panorama gallego (Guerrera o Unicornibot). Presencia de sobra justificada por procedencia y calidad: algunos de los grupos se encargaron de poner sobre la mesa algunos de los mejores conciertos del festival. El otro aspecto en el que destacó la organización fue la puntualidad británica. Y hay que señalarla porque es especialmente difícil de conseguir cuando un festival es primerizo y maneja tal número de sedes de forma simultanea. Punto a favor a sumar, además, al buen trato, la educación y la ausencia de colas que se pudo ver durante todo el fin de semana.

 

¿Y los conciertos? De lo visto por un servidor, que no pudo ser todo debido a la enorme cantidad de propuestas que coincidían en el tiempo destacar a La Orquesta Metamovida, viejo super grupo conocido de sobra por estas tierras pero que no deja de sorprender por su puesta en escena, por su capacidad para improvisar y para manejar multitud de registros. Los asistentes al teatro principal pedimos más, pero la hora apretaba y nos tuvimos que quedar con ganas de alguna canción extra. También fue disfrutable el concierto de A Place to Bury Strangers. Aunque quizás la palabra más correcta para definirlo sea intenso. Refugiados en la oscuridad que recorría el escenario de la Sala Capitol, se dedicaron a arrojar sin control su abrasivo noise rock. La sensación de descontrol fue en aumento hasta acabar en un final un poco garrulo (y no demasiado bien llevado) incluyendo interpretación en medio del público y ruptura de instrumentos (un poco gratuita). Anécdota para contar con escaso interés musical.


Otro buen concierto fue el de Cave ante un público que ya comenzaba a abandonar la Capitol después del llenazo de Red Fang rumbo a los conciertos y sesiones de la Fundación SGAE. Psicodelia trabajada y de largo desarrollo (como bien la definen los chicos de Work on Sunday), que se degusta con calma y tiempo, presentada por una banda en clara progresión respecto a su anterior visita a Santiago. Sin dudas, quedaron muchas ganas de una tercera vez en la ciudad.

¿Y las pegas?. ¿Las hay? Sí, hay que decirlo. Sin duda la principal fueron los solapes. Suele ser un defecto de los festivales primerizos programar en exceso y en este caso el WOS INC no se libró del sambenito. La sensación de frustración por tener que elegir fue una constante a lo largo del festival (y especialmente cuando se dieron a conocer los horarios y las ubicaciones de los conciertos). Otro de los defectos, derivado de la obsesión por respetar los horarios, fue la sensación de atropello, de tener que correr para poder llegar a tiempo al siguiente evento, no pudiendo disfrutar muchas veces de la actuación al completo, ni pudiendo extenderse estas más cuando el público pedía de corazón otro bis. Fruto de esto también se abandono en cierta medida el término incubadora. Es muy difícil relacionar tendencias y tender puentes entre artes cuando existe tal cantidad de propuestas y hay que apurar entre concierto y concierto para llegar de una propuesta a otra, teniendo algunas veces que abandonar algunas sin terminar.

En todo caso, el resultado final es fresco, interesante y deja un buen sabor de boca; así que deseamos que el WOS INC. añada el año que viene una nueva edición, sumándose al combo de actividades asentadas en el final del verano santiagués.

Por Pedro Mandías.