Cine | La estética noventera en 7 películas

En algún momento de nuestras vidas, todas quisimos ser Topanga. O todos quisieron estar con Topanga. Los 90 trajeron consigo innumerables iconos de moda que toda una generación copió a rajatabla. Desde los ombligos al aire, hasta los crop tops, los tiros altos o las veneradas Converse. De lo que no estábamos tan seguros era de que todos ellos volverían a nuestros armarios dos décadas después, remitiéndonos a la época en la que todo valía y lo hortera molaba.

Toda moda tiene su origen y la noventera está más que reflejada en el gran archivo de moda que es el cine de aquella década. En Coolneeded damos un paso más y te traemos los modelos a seguir para estar a la ¿última?: la estética noventera en 7 pelis indies.

1. Singles (1992)

Seattle fue la cuna indiscutible del grunge en la década de los 90, con bandas como Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden o Alice in chains que emergieron desde lo más bajo para alcanzar la categoría de leyendas del rock. Singles habla sobre un grupo de veinteañeros solteros de esa “generación X” protagonizado por una joven Bridget Fonda que bien podría estar paseándose por las calles de Malasaña en la actualidad. Y es que el grunge está a la órden del día. 

Las Dr. Martens volvieron hace un par de años pisando fuerte, los canotiers se adornan ahora de flores, las cazadoras de cuero vuelven a ser anchas y masculinas, y más aún si van combinadas con vestiditos de flores y medias tupidas que dan el toque femenino al look. Para más inri, las melenas a la altura de la barbilla llenan las pasarelas este otoño. Y para completar el look, solo te faltará ir acompañada de un rockero melenudo con una guitarra al hombro, como este Cliff Poncier interpretado por un Matt Dylon irreconocible.

Puro rock.

2. Clerks (1994)

Kevin Smith no tenía más que 24 años cuando dirigió este film que se convertiría en cinta de culto. Con diez tarjetas de crédito, una sola localización y amigos que harían de actores, el veinteañero grabó Clerks en blanco y negro porque era la opción más barata, y durante las madrugadas porque era el único momento en el que la tienda donde él mismo trabajaba estaba disponible. Y así creó escuela.

Adolescentes americanos que escapaban de las ochenteras teen-movies protagonizadas por héroes de instituto, se vieron de pronto reflejados en una pareja de loosers resignados con su vida desdeñosa. 

Y así serían ellos, los chicos perdidos, la generación descarada. Con las camisas de cuadros a lo Kurt Cobain, las gorras del revés y las – por el amor de dios, horrorosísimas – perillas. Afortunadamente, el siglo XXI ha sabido rescatar lo mejor de Dante y Randal y desechar lo inadmisible. Los 90 están de moda, pero lo de las perillas ya está superado.

3. Night on earth (1991)

Uno de los grandes exponentes del cine indie americano es Jim Jarmusch. Si bien su nombre empezó a sonar fuerte en los ochenta con maravillas del tipo de ‘Extraños en el paraíso’ o ‘Bajo el peso de la ley’, el director tomó aún más fuerza en los noventa. 

Dividida en 5 historias independientes, ‘Night on earth’ refleja la vida nocturna de cinco grandes ciudades. Pero ninguna de estas historias nos interesa tanto como la de Winona Ryder, la musa indie por excelencia para muchos. Si bien es cierto que este film no es en el que más favorecida sale, su aspecto masculino y poco cuidado ya presagiaba la gran oleada grunge de ropas anchas y actitudes desgarbadas que perseguirían a la década. Melena midi, camiseta cuadrada, camisa floja, gorra del revés y un tatuaje en el brazo. El toque femenino ni siquiera es necesario si ya tienes la suerte de tener una cara bonita como la suya.

4. Trainspotting (1996)

Elige la vida. O mejor, elige tu estilo de vida. El de Renton y compañía dejaba mucho que desear allá por el 96, y sin embargo fueron directos a lo más alto del pódium de films indies de toda una generación. Ojo, que nadie quería parecerse a esa panda de yonkis marranos, pero sin embargo todos queríamos pensar y ver la vida como ellos, con claridad, con decisión, y con valentía. 

Solo un punky se atrevería a llevar unos pitillos tan ajustados hace veinte años, pero hoy los pantalones skinny están a la órden del día, y no tienes más que combinarlos con una camiseta lisa y una bomber para sentirte en el Edimburgo de los noventa. Eso sí, para ser fiel al look de Renton, no te pueden faltar las clásicas Converse, blancas y de botín.

5. Buffalo 66 (1998)

No es que Christina Ricci fuera un ejemplo de princesa Disney, ni niña bien, ni teen-queen, sino más bien todo lo contrario. Miércoles Adams la catapultó al oscuro mundo de otros personajes siniestros que vendrían después, como Kat en Casper, o Katrina en Sleepy Hollow. Pero entre medias, la actriz encontró un hueco para meterse en la piel de Layla, una joven que es secuestrada por un exconvicto para hacerse pasar por su esposa. Y hasta aquí puedo leer.

Rodada en 21 días con una sola cámara y un paquete de objetivos, el director de fotografía del film mencionaría dos puntos de referencia básicos para la estética de la película: el libro del fetichista de los pies Elmer Batters y los vídeos de la NFL de los sesenta. 

La dureza y confianza de los personajes de Ricci se verían aquí transformados en la dulzura, inocencia y cariño incomprensibles de Layla. Y si todo esto hubiera que traducirlo a un color ese sería el azul, más concretamente el celeste. En una escena inolvidable y surrealista en la que la actriz baila con sutileza el Moonchild de King Crimson, vemos con claridad su atuendo – único a lo largo de todo el film – cuyo color se confunde y camufla con el tono de su piel. Vestido corto sexy, rebequita blanca, medias azules, tacones plateados, melena midi de color rubio con raya en medio y unos párpados azules repletos de purpurina completan el look que marcaría un antes y un después en la estética del cine indie.

6. Antes de amanecer (1995)

¿Te vas de interrail por Europa? Asegúrate de llevar un buen modelito en el tren, porque nunca se sabe. Y sino, que se lo digan a Céline (Julie Delpy), una estudiante francesa que viaja a Budapest y se encuentra con Jesse en el trayecto entre Budapest y Viena.

Céline iba preparada para lo mejor, pero sin pasarse. Así era el casual de los noventa, sin esfuerzo aparente, sin demasiado artificio. Melena suelta y despeinada, vestido hasta los tobillos con una camiseta de algodón asomando por debajo, una mochila negra al hombro y, cómo no, una gran camisa de cuadros atada a la cintura. Imposible que Jess no cayera rendido a sus pies y le suplicara pasar una noche mágica juntos en Viena.

Como dijo el crítico de cine Roger Ebert atrás en el 98, “vestida como la Barbie, vestida como una puta”, podríamos suavizarlo y decir que Layla es la mezcla perfecta entre una patinadora de hielo y una streaper de la Calle Roja de Amsterdam. 

La pareja volvería años después, pero nunca volverían a tener tanto encanto como en aquel verano del 95.

7. Thelma & Louise (1991)

Si bien las amas de casa americanas fueron las que más identificadas se sintieron con esta insuperable pareja de mujeres, esta película de Ridley Scott fue un éxito a uno y otro lado del Atlántico. 

Susan Sarandon y Geena Davies se volvieron a casa de manos vacías la noche de los Oscar, porque aunque se hubieran merecido la estatuilla con creces por sus

interpretaciones, tuvieron la mala suerte de coincidir con la joven Jodie Foster y su memorable enfrentamiento con Hannibal Lecter.

Guapísimas y tremendamente estilosas, Thelma y Louise, o Louise y Thelma – el quién es quién es lo de menos – fueron dos iconos a seguir durante toda la década que seguiría a la película. Vaqueros de tiro alto, camisetas rockeras, recogidos despeinados y botas cowboy completaban la imagen de estas americanas de vida anodina que huirían en un viaje de fin de semana más que liberador. El ingrediente secreto de estos looks fue, sin duda, el coraje y valentía de sus personajes. 

Murph