Música | The Drums

Y por fin, llegó el día. El pasado 22 de noviembre, ante una Sala Arena con una entrada más que aceptable y con los espíritus presentes de todas las fiestas que allí se han celebrado, los americanos The Drums dieron un show difícilmente olvidable y tan absolutamente particular como cada uno de sus miembros.

Ya os conté en la previa que, tras desavenencias privadas entre todos ellos, dos de los componentes primigenios de la banda ya no se encuentran en la actual formación. Bien es verdad que prácticamente el 90% de la atención la acapara con su unicidad el cantante Jonathan Pierce, frontman indiscutible, pero indudablemente el show ganaría enteros si el otro 10% no solo lo aportara la otra parte de la naranja del dúo, Jacob Graham.

Y digo esto porque necesito empezar este escrito calificando de “¿?” a los otros tres sujetos –guitarra, bajo, y en menor medida, batería- que pueblan tristemente el escenario mientras The Drums intentan hacer un show en primera línea. Por momentos parece que ellos mismos estén deseando que el concierto acabe, apoyándose cuando pueden en algún bordillo improvisado y aburriéndose más que Daniela Blume en una misa de domingo. Mal, muy mal por ellos.

Todo lo contrario puedo decir sin embargo de la actitud de Jonathan Pierce. Acaparador de miradas, diva del pop… tiene un aura que le rodea en todos sus extraños y mal-marionetados movimientos que te hace dudar en varias ocasiones de si está en sus cabales.  Y es que es un artista y se lo cree hasta el extremo, convirtiendo su trabajo en histrionismo puro y duro, acertando eso sí en todo momento a la hora de cumplir con sus responsabilidades como cantante.

            *Reto al que lea estas líneas a que imagine un día normal en la vida de Jonathan Pierce. Un día de domingo, de resaca cervecera, viendo alguna peli de Antena 3 del estilo “Atrapada en Manhattan”, “La traición del padrastro” o “Invasión de termitas asesinas”. Yo no le veo. Y no sé si sacaremos algo en claro con todo esto, pero lo que sí que es verdad es que parece que este ser tiene algo especial en la sangre que le hace diferente al resto de seres humanos que te encontrarías un día cualquiera en el pasillo de congelados de cualquier supermercado de ciudad.

Respecto a Jacob Graham y su “instrumento” pudimos ver una actitud algo más difusa. Rozando en muchos momentos lo cómico, sus lentos y repetitivos movimientos, su cara blanca y sus miradas perdidas hacían pensar que el hombre estaba sintiendo dentro de él un mundo lleno de fantasías, solo explicable por…

Aparte, es el encargado de tocar una máquina con muchos botones de la que salen mágicamente la mayoría de sonidos característicos de The Drums, y su trabajo encima del escenario recuerda a esas telefonistas de la antigüedad cuya misión era enchufar y desenchufar cables en un gigantesco panel. Bueno eso, y tocar la pandereta.

Y llegando propiamente al comentario sobre el setlist, mi opinión –y creo que la de la mayoría de los allí presentes- es bastante clara. Lo que se pudo ver en la Sala Arena es un claro ejemplo de un grupo que aunque lleve tres discos a sus espaldas, solo ha conseguido realmente cuajar el primero entre su público.

Habrá puristas de primera fila, sí, a los que les gusten todas y cada una de las palabras y canciones que salgan firmadas por ellos. Pero se pudo ver en la sala que el público en general solo se empezó a entonar cuando oyó la batería inicial de “Me and the Moon” tras dos canciones de inicio totalmente residuales.

Del sexto al noveno lugar enlazaron “Kiss Me Again” –de lo más salvable de su tercer disco, Encyclopedia-, “Book of Stories” y “Best Friend” –del primero- y “Money” –de Portamento-. Un buen cuarteto de canciones para tratar de dar ritmo a un asunto que tristemente no se calentó 100% hasta los bises, donde soltaron lo mejor que tienen y por lo que estábamos allí muchos incautos.

Forever and Ever Amen”, “Let’s Go Surfing”, “Saddest Summer” y la preciosa balada “Down by the Water” finalizaron el concierto muy, muy arriba, dejándote con un genial sabor de boca tras haber sentido en muchos momentos la sensación de no saber muy bien qué hacías allí, ni si quiera de si ese grupo que estabas viendo era del grupo del que te enamoraste en 2010 con su disco debut.


Sea como fuere, solo puedo terminar diciendo que yo estaré con The Drums Forever and Ever, Amen.

SETLIST

1. - Bell Laboratories / 2. - Let Me / 3. - Me and the Moon / 4. – Days / 5. - I Can’t Pretend / 6. - Kiss Me Again / 7. - Book of Stories / 8. - Best Friend / 9. – Money / 10. - U.S. National Park / 11. - Book of Revelation / 12. - Face of God / 13. - I Need a Doctor / 14. - I Hope Time Doesn’t Change Him / 15. - How It Ended / (Bises) / 16. - Forever and Ever Amen / 17. - Let’s Go Surfing / 18. - Saddest Summer / 19. - Down by the Water