Música | Arizona Baby

Fotografía de Margarita Fraga

Señores, presten atención. Cualquiera de las leyendas que hayan escuchado sobre los directos de Arizona Baby son ciertas. Sí, no serán una de las mejores bandas del mundo, pero son unos currantes que se dejan hasta el último rastro de sudor para complacer a su público. Eso sí, nada de condescendencia al más puro estilo del peor rock de estadio. No, simplemente humildad y toneladas de curro por parte de una banda con rodaje, presente en Santiago en formato guitarra acustica, eléctrica y batería (¿quién necesita un bajo? se preguntaba alguien entre el público una vez empezado el concierto) y una actitud de entrega y empatía que rápidamente conquistaron a una Sala Capitol que para la ocasión superaba ampliamente la mitad del aforo.

Fotografía de Margarita Fraga

He de reconocer que no sabía como llevaría la banda sus temas al directo. Primer tema y dudas resueltas. Owners of the World demuestra como Arizona Baby se comportan sobre el escenario: apuestan todas sus cartas al carisma de Javier Vielba, al virtusismo con la guitarra de Rubén Marrón y a unos temas de que ganan tanto cuando suman revoluciones como cuando más recuerdan al Neil Young que solía llenar estadios. Y la apuesta, al menos en Santiago, funcionó. Y de qué manera.

A continuación, repasaron casi al completo los temas del Secret fire (Subterfuge, 2014), del que pronto destacaron la muy beatle New Road o el sonido puramente young de Wooden Nickles (mi preferida del concierto y una muestra de como la banda se crece en los medios tiempos). Y también una versión en castellano del Sixteen Tons de Merle Travis incluída en el cd de la banda It is called work (Subterfuge, 2014). A estas alturas del concierto el público ya estaba entregado a las llamadas a la acción de Vielba, pero la banda tenía una sopresa más reservada. Momento impresionante cuando pidió al público completar uno de los temas con su propio sonido para poder completar la canción y toda la sala respondió, en medio del baile al que estaba entregada, de forma ensordecedora. Sonrisa las caras de los músicos y del público al aparecer esa complicidad entre los dos que tantas veces se echa de menos en un concierto.

Fotografía de Margarita Fraga

Casi dos horas de concierto y 14 temas despachados. Se dice pronto. Pero todavía quedaba un bis, pedido por un público que reclamaba la vuelta de la banda sin un solo atisbo de aplaudir por compromiso. Los bises empezaron con Javier Vielba saliendo en solitario al escenario para interpretar Dont'look back (On yesterday). Tras la concesión a la intimidad, vuelta del resto de la banda al escenario y concesión a uno de los hits de la banda, Shiralee. Locura general entre el público y última pausa para hacer algo que según la banda solo hacen cuando la sala responde, tocar un último tema, en este caso It helps if you sing y acabar ovacionados por un público que otra vez más con la sensación de tener que extender la buena nueva y el compromiso de volver a ver a la banda en la próxima ocasión.

Por Pedro Mandías.