HOMBRES | 5 MOTIVOS MUY CONVINCENTES PARA DEJARTE BARBA.

Desde el principio de los tiempos, grandes personalidades de la historia de la humanidad han decidido dejar crecer pelo en su cara. Bien sea porque aporta carácter, porque le gusta a sus parientas o pa hacerse el chulo, eminencias de la talla de Santa Claus, Hagrid, Conchita Wurst o incluso el gran Cristopher decidieron en algún momento de sus vidas que el vello era bello.

Me imagino al bueno de Santa en su adolescencia, con la cara lisa como el culito de un bebé y tras una sesión de cama con la Señora Claus, ambos debatiendo sobre lo bien que le quedaría una buena mata de pelo debajo de su boquita de pichón.

“- Esto vende más, cariño. Un gordito con barba resulta más entrañable. Vas a quedar debuti en las postales.

- Vale amor, yo me la dejo. Pero vamos a tumbarnos de otra manera, que tú estarás muy cómoda pero a mí ya se me está durmiendo el brazo.

- Ay Santa, desde que te enteraste de lo de Melchor no hay quien te hable… Voy a sacar las pechugas de pollo del congelador, que luego en el microondas no quedan igual.”

No me consta la veracidad total de esta anécdota, porque quizá finalmente descongeló filetitos de ternera, pero lo que sí que me consta es que el vello facial le aporta un plus a aquel que decide portarlo. Masculinidad, personalidad, imagen… todo resumido en pelillos saliendo de forma espontánea por los poros de tu piel, en una maravillosa demostración de la fuerza de la naturaleza.

Dado el éxito que cosechan en internet listas del estilo “Las 17 cosas que hacen que tu mejor amiga y tú no os vayáis a separar nunca” -hasta que se tire a tu novio- o “15 formas de ponerte un pareo” –existe, lo juro-, en Coolneeded hemos decidido hacer una lista de razones por las que creemos que el dejarse barba debería ser más necesario que el comer. Todo ello, aprovechando que estamos en Movember, mes elegido para cambiar la cara de la salud de los hombres en relación a la concienciación del cuidado del cáncer de próstata. Porque que te metan un dedo por el culo no agrada, pero tener cáncer de próstata y no saberlo, menos.

 DÉJATE BARBA, HOMBRE.

1.- PARECERÁS MÁS MADURO. A las mujeres les gusta rodearse de hombres más maduros que la manzana de Newton, y tu barbita de Rasputín les va a dar seguridad.

Las conversaciones con tus colegas pueden seguir siendo igual de mierda, quizá tu madre te llene mochilas de campamento con taperwares cada vez que vas a casa, o puede ser que te sigas riendo al ver escrita la palabra “pene”, pero cuando te presenten a una chica y ella sienta la almohada que puebla tu carita al darte dos besos, lo único que va a pensar va a ser: ¡Me encantaría tocársela! ;)

 2.- A LO MEJOR APRENDES A TOCAR LA GUITARRA DE REPENTE. Hace dos semanas se filtró que el CNI estaba llevando a cabo una investigación a nivel nacional en relación al vello de los cantautores de nuestro país, en busca de algún imberbe. Los resultados están siendo desastrosos.

Y es que ellos no saben que hay una relación directamente proporcional respecto a la longitud de tu barba y tu interés por las artes. Porque cuando dejas crecer tu vello facial, llega un día que te levantas artista y hasta la lista de la compra te sale en verso. Incluso se han dado casos de personas que no sabían ni tararear la Macarena, pero que al dejarse barba aprendieron a tocar la guitarra de la noche a la mañana, con especial predilección por el “Wonderwall“ de Oasis. Cuarto Milenio ya prepara un Especial.

 3.- A TUS COMPAÑEROS DE PISO LES VA A HACER MUCHA GRACIA. El pelo se cae, sea de dónde sea, y sea dónde sea.

La similitud entre el vello de la cara y el vello que sale en el sobaquete o en los huevos es un hecho digno de admirar. Y es que, si los ojos de la cara no tienen nada que ver con el ojo del culo, ¿qué extraña razón hace que un pelo que sale de mi moflete tenga la misma complexión, rugosidad, dureza y color, que un pelo que se esconde debajo de mis pelotas? El cuerpo humano es extraordinario, y si alguien tiene una explicación estaré encantado de escucharla, porque no cabe duda que es un campo apasionante donde aún queda mucho por escarbar.

Aunque bien es verdad que tras el romanticismo de mis palabras se esconden situaciones que pueden dar pie a algún que otro malentendido, porque puede pasar –y pasa- que tu recatada compañera de piso, esa que solo caga cuando no hay nadie más en casa, se levante tranquilamente una mañana y se encuentre un largo pelo grueso y negro como el tizón en el lavabo. Y puede pensar dos cosas: que se te ha caído un pelo de la barba, o que has estado practicando algún extraño ritual que incluya como norma restregar las pelotas por el lavabo.

Y amigos, que piensen de ti que has estado practicando un ritual que maneje entre sus instrucciones el hecho de restregar las pelotas por el lavabo… pues oye, mola.

 4.- COMER BUÑUELOS CON AZÚCAR GLASS SE CONVIERTE EN UNA APASIONANTE GYMKANA. ¿Crees que eres aventurero? ¿Pides sobres de kétchup de más para llevártelos a casa sin que se note? ¿Llamabas al 609 de Movistar para vacilarles y te ponías nervioso? Si eres de los míos te propongo como reto dejarte la barba larga y comer cualquier cosa con azúcar glass, ese condimento alimenticio creado por el diablo.

Porque los que os afeitáis no lo sabéis, pero el azúcar glass es el puto peor enemigo de los barbudos.

A mí me ha jodido la vida… y no quiero hablar más de este tema.

 5.- SI SANTA CLAUS SE LA DEJÓ, YO TAMBIÉN QUIERO. Y punto.

 En fin… creo que he sido claro. Aún así, si después de esta estricta argumentación no te he convencido, solo piensa que dejarse barba implica simplemente un acto de pasotismo: lo único que tienes que hacer es no hacer nada.

Si por el contrario ya eres un big barba, quiero decirte que estamos en el mismo equipo compañero –o compañera, que yo no soy de discriminar-. Que te entiendo, y que en barberías como Malayerba (Plaza del 2 de Mayo, Madrid) te dejan niquelao y preparadísimo para que no parezca que llevas tres meses viviendo en la calle. Que tú eres trendy.

Desoye todas las críticas de tu madre… que tú y yo sabemos muy bien por qué lo hacemos.

Marcos Iñigo1 Comment