MÚSICA | CRÓNICA DE FUTURE ISLANDS

Qué bien le ha sentado el disco “Singles” a Future Islands.

El pasado miércoles 22 de octubre en la Joy Eslava los allí presentes tuvimos la oportunidad de ver un PUTO espectáculo completo en todos sus aspectos de la mano de este cuarteto de Baltimore, que ha pasado en cuestión de dos años de ser un grupo residual -con su público, sí, pero residual- a ser una de las referencias indies del panorama actual con temazos como Seasons (Waiting for you) que ponen patas arriba a cualquier ser viviente.

Llevo desde que salí de la Joy –sala muy propicia para este show en concreto- pensando cómo explicaros lo que allí pasó, porque uno se queda estupefacto, atónito, maravillado, desconcertado, pasmado, sorprendido, patidifuso y boquiabierto después de ver al cantante, Samuel T. Herring, menear sus piernas, su cuello, sus caderas y sus manos de maneras extrañas, controlando el escenario durante hora y media sin perder en ningún momento el rigor vocal técnico que requieren las composiciones de esta banda.

Porque este hombre no desafina ni cuando de repente se marca una serie de sonidos guturales más propios del death metal mientras se tira al suelo como buscando a un ser que solo ve él. Y es que la interpretación teatral que rodea a toda la actuación de Future Islands es para mi humilde gusto lo que convierte a este grupo en algo especial; en uno de esos casos vitales en los que dices: ¿pero qué coño?

La cosa es, que mientras canta, este señor actúa. No solo entona y todo es “jiji” y “jaja”, sino que Samuel T. Herring se cree lo que canta y mejora con creces lo que de Future Islands podemos oír en su versión estudio.

Y me atrevo a decir que es absolutamente imposible salir decepcionado de un concierto de esta banda, ya que coordinan de maravilla la parte rítmica de la mano del batería Michael Lowry, el bajo del inmóvil William Cashion –este hombre no se mueve, pero es que el papel de frontman en sus conciertos ya está pillado, así que no pasa nada-, las melodías sintetizadas del teclista Gerrit Welmers que dan forma a las composiciones, y el espectacular show que os comento que se monta Samuel T. Herring.

En realidad pocas bandas conozco en las que el cantante acapare tanta, tantísima, toda la atención del espectáculo global, sin perder la intensidad dramática en ningún momento. Y es que en ocasiones piensas: “este tío se ha tomado algo, porque si no, no es normal”, pero resulta reconfortante para un amante de la música asistir en directo a esta manera tan especial de vivir y sentir sin complejos este arte.

Os emplazo a que si tenéis la oportunidad de ver a este cantante en directo lo hagáis. Si además queréis interactuar directamente con él, poneros en las primeras filas, porque a parte de su sudor, cuyas gotas terminaréis sintiendo SÍ o SÍ porque no para de moverse, podréis disfrutar de sus sentidos y repetidos apretones de manos, en los que mira fijamente a los ojos al más puro estilo Anthony Hopkins en El silencio de los corderos mientras interpreta locuras solamente explicables por el propio Samuel T. Herring.

Porque esos movimientos de cadera a lo Shakira, esas carreras por todas las esquinas del escenario, esas conversaciones mirando al suelo hablando con seres invisibles, esos arranques en los que le da por comerse su puño, esos finales de canciones con llanto real, esos revolcones por el suelo que terminan provocándole sangre como le pasó este miércoles… todo eso y lo que cada individuo pueda sentir al enfrentarse a un espectáculo de este estilo es algo que hay que vivir, y realmente no seréis conscientes del calibre de mis palabras hasta que no lo viváis por vosotros mismos.

            *Aprovechando este post, os recomiendo echarle un ojímetro a una serie de 5 vídeos publicados hace 3 días que forman parte de las 4AD Sessions (versiones en directo promovidas precisamente por 4AD, la discográfica de Future Islands), en las que el cuarteto interpreta cinco temas de su último disco, Sun in the Morning, Doves, Seasons (Waiting on You), Light House y A Song for our Grandfathers, acompañados por instrumentos de viento y de cuerda. Una joya que no podéis dejar de contemplar:


Marcos Iñigo